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16/9/20

Melanismo y panteras negras, la ciencia que Ana Rosa no te cuenta


 

Para los que no conozcan mis orígenes, soy de Berja, un pueblo de la Alpujarra almeriense conocido por sus fuentes, sus antiguas minas y su pantera. Todo queda en un segundo plano desde que tuvimos una pantera negra campando a sus anchas por un parque periurbano llamado Castala.  Fue allá por 2013, pero hay quien todavía me menciona al escurridizo animalito cuando menciono de dónde soy.

Poco después de que varios vecinos de Berja, entre ellos el entonces alcalde, aseguraran verla, se reportó algún avistamiento por la sierra de Celín, una localidad cercana. Pero ya no se supo más. Hasta ahora. Han tenido que pasar siete años para que se vuelva a hablar de la pantera, aunque esta vez aseguran haberla visto en Ventas de Huelma, un pueblo de Granada. Que probablemente no sea el mismo gato la misma pantera, pero mira, estamos en 2020 y si en el Pisuerga puede haber un cocodrilo yo puedo decir que la pantera de Granada es la de Berja, porque la pobre estaba harta de secano y ya le apetecía ver más mundo.

¿Y qué hago yo ahora hablando de esto?, os preguntaréis. Pues como lo mío es divulgar, o al menos es lo que intento, he pensado que este es un momento perfecto para hablar de panteras y melanismo. Porque no, amigos, la pantera negra no es una especie aparte, sino un leopardo o un jaguar afectado por un exceso de pigmentación. Ana Rosa, ya puedes dormir tranquila.

Todas son panteras

Para empezar, cabe destacar que la pantera no es una especie, sino un género de felinos, al que pertenecen el león, el tigre, el leopardo, el jaguar y el leopardo de las nieves.

Por lo tanto, si somos estrictos, cuando hablamos de panteras nos estaríamos refiriendo a cualquiera de ellos. Pero entonces, ¿qué pasa con las panteras negras?

Pues bien, como ya he avisado en la introducción, se trata de cualquiera de estos animales afectado por un caso de melanismo, aunque principalmente se llama así a leopardos y jaguares.

El melanismo es un fenómeno de origen genético que se caracteriza por un exceso del pigmento melanina, que confiere el color negro a la piel y el pelo de muchos animales. Hace justo un año, por ejemplo, se dio a conocer el caso de un bebé cebra de la reserva del Massai Mara; que, no contenta con el estampado habitual de su especie, se vestía con puntitos en vez de rayas. Dejando a un lado la metáfora cómica de la moda, el suyo era un caso de melanismo, por el que todo su pelo se encontraba teñido de color negro, a excepción de algunos puntitos blancos.

Se debe a mutaciones en diversos genes asociados a la melanina y, al menos en el caso de las panteras, presenta algunas ventajas evolutivas. Por ejemplo, se ha observado que les resulta beneficioso para camuflarse durante la caza nocturna. Incluso se ha llegado a plantear que los animales con melanismo sean más resistentes a algunos virus, aunque esto es algo que se ha investigado poco de momento.

Entonces, ¿qué opino yo de todo esto?

Pues, a ver, a mí me hacía ilusión retomar el blog hablándoos de ciencia y de paso mencionando una historia sobre mi pueblo. Más allá de eso, no soy ninguna experta y no tengo por qué opinar, aunque dudo mucho que haya ninguna pantera.

En su día se dijo que podría haberse escapado de algún circo o de la reserva de Tabernas. Que digo yo, que a lo mejor en Tabernas si se les hubiese escapado el bicho se habrían dado cuenta. Que no es un ratoncito.

Ahora resulta que han tomado una fotografía de la de Granada y, ¿qué queréis que os diga? A mí me parece un gato. Por suerte, esta vez se han dejado de palos de ciego, ni Cuarto Milenio como en Berja ni nada. La cobertura completa de la noticia la está haciendo Ana Rosa, que está súper preocupada desde que tuvo constancia de lo ocurrido, porque resulta que no es una pantera cualquiera, sino una pantera negra.

Y claro, posiblemente lo que tema ella es que, al camuflarse tan bien por la noche, pueda atacar al ganado. Algo de eso debe ser, porque no me atrevería yo a pensar que la mujer esté hablando de algo que no sabe. Que estamos hablando de prensa seria, vamos a dejar de pensar siempre mal.

 

12/9/19

Cuatro regalos originales para científicos... aunque no sea Navidad




No es mi cumpleaños, ni mi santo (sí, soy atea y lo celebro) y aún falta mucho para la Navidad. Sin embargo, vengo aquí a reivindicar los regalos porque sí. ¿Por qué no sorprender a esa persona querida con algún detalle sin necesidad de esperar a un día señalado?

Y si esa persona es un amante de la ciencia, en cualquiera de sus vertientes, no hay nada como los regalos frikis-científicos. En el último año he comprado varias cositas en esta línea que me gustaría enseñar por aquí. Salvo uno, la mayoría son productos procedentes de artistas freelance o pequeñas empresas, que se merecen toda mi publicidad, pues no solo vengo a hablaros de los regalos tan chulos que podéis hacer, sino también de lo bien que os van a tratar cuando los compréis. Al fin y al cabo, eso también forma parte de la experiencia. Y, ojo, no es necesario buscar a un friki de la ciencia al que regalar, pues nosotros mismos también somos objetivos perfectos a los que agasajar con caprichos. Al fin y al cabo, si no nos queremos y nos cuidamos nosotros, ¿quién lo va a hacer?

Camisetas frikis para todos los gustos

Empiezo con Nabla. Pero no la marca de maquillaje, sino una mucho más guay: la de camisetas (y más cosas). Descubrí esta pequeña empresa murciana hace como un año, después de que se pusiera al mando de sus redes sociales Santiago Campillo, un estupendo divulgador científico al que sigo desde hace mucho tiempo.

Si tuviera que describir la empresa diría que es algo así como un Pampling para frikis de la ciencia, pues todos sus diseños giran en torno a esta temática. ¡Y qué diseños! Apenas había echado un vistazo a la página cuando ya me había enamorado de uno de ellos.  Creo que no lo he dicho nunca por aquí, pero mi científica favorita de todos los tiempos es Rosalind Franklin, una mujer sin la cual hubiese sido imposible que James Watson y Francis Crick descubrieran la estructura del ADN y que no solo no recibió el premio Nobel junto a ellos y Maurice Wilkins, sino que encima fue criticada duramente por Watson en su libro La doble hélice. Afortunadamente, con los años ha comenzado a recibir parte del reconocimiento que merece y esta camiseta me parece un buen homenaje. En ella se puede ver cómo Rosalind posa con su famosa foto 51 sobre una hélice de ADN en la que se encuentran presos Watson y Wilkins. La figura de este último es menos conocida, pero fue crucial a la hora de usar los resultados de Franklin sin su permiso. Merecía ser preso de la molécula que le valió uno de los premios más ansiados de los científicos. Aunque solo fuera en una camiseta. Por supuesto, al igual que el resto de diseños de la tienda, también puede comprarse en bolsas de tela y delantales. En mi caso tengo una bolsa súper chula que me regalaron con mi pedido y que llevo la mar de orgullosa a hacer la compra regularmente. Por cierto, dejaos de plástico y usad bolsas de tela, pero lavadlas, que luego nos quejamos de los bichitos.

He de decir que pensaba quejarme en esta entrada de que haya en la tienda pocos diseños dedicados a la biología, en cualquiera de sus ramas, pero para esta temporada ya han mostrado en su cuenta de Twitter algunos de los diseños que sacarán a la venta y mis deseos han sido órdenes sin ni siquiera llegar a exponerlos. Vamos, que ya le tengo el ojo echado a una. Para terminar os dejo una foto monísima en la que muestro orgullosa la foto en el mejor de los escenarios. La imagen es obra de mi amiga Mabel Angulo, que está hecha una máquina de la astrofotografía, como podréis comprobar.


Dibujos de pececitos y mucho más


Paso a hablaros un poco de Noëlle S. (@noleesheep), una chica que sin ser científica ni tener su producción artística orientada a la ciencia capta la naturaleza de un modo precioso.

Aparte de retratos, humanos y de mascotas, también hace unas ilustraciones maravillosas, de temáticas de lo más variadas. Pero yo vengo a hablaros concretamente de sus Inktobers. Para los profanos del dibujo, como yo, puede que el nombrecito suene a chino, pero en realidad se trata de un asunto de lo más guay. Resulta que cada mes de octubre sale una lista con 31 palabras, que los participantes del reto deben relacionar con un dibujo cada día. Normalmente todas las ilustraciones de un mismo artista están relacionadas con un único tema. En el caso de Noelia, el año pasado sus dibujos estaban protagonizados por peces y otros animales marinos. He de decir que al conocer el Inktober me aficioné a buscar cada día en Twitter su dibujo y el de algunas otras cuentas que empecé a seguir. Pero no solo podemos disfrutar de verlos en la red social, sino que también es posible comprarlos. Si el artista los pone a la venta, claro. Ella lo hizo y por eso pude hacerme con dos: un original y un print. Para ser sinceros, en un principio quería el original del caballito de mar, pero voló. No es para menos, teniendo en cuenta lo precioso que es. De todos modos, los dos quedan estupendísimos en mi despacho.

Ahora falta muy poco para que llegue octubre y muchos artistas ya han dejado caer la temática que seguirán este año. En el caso de Noelia pasamos de peces a pájaros, así que la naturaleza seguirá estando muy presente. Si tenéis tantas ganas de verlos como yo no dejéis de seguirla en su cuenta de Twitter, donde también irá informando si decide volver a poner a la venta los peces que le sobraron. Además, ahí podéis seguir los capítulos que va publicando en Wattpad de su novela de fantasía y leer las entradas sobre moda, estilo de vida, cuidado personal y muchas cosas más que publica en su blog.

Las libretas más bonitas del mundo


Nunca lo había dicho, pero yo de pequeña gané un premio de dibujo. Tenía 4 años y me presenté a un concurso de la casa de la cultura de mi pueblo. Decidí pintar un paisaje súper bonito, con su casita, sus árboles, su jardín con un caminito que llevaba a un río… Precioso. Merecía el premio. El problema es que me estanqué ahí y si ahora me pidieran que hiciera un dibujo volvería a hacer el mismo paisaje, con la misma casita, los mismos árboles y posiblemente el mismo arte o incluso menos. Vamos, que sigo dibujando como una niña de cuatro años. Una niña con premio. Pero de cuatro años.

Y creo que es precisamente mi nula capacidad para el dibujo la razón por la que admiro tanto a personas como Noelia y como Ana, más conocida como Viana en el mundillo dibujil.

Sus dibujos son la representación gráfica de la palabra cuqui. Sinceramente, no sé si el término está en el diccionario, pero si estuviera debería tener un dibujo de ella al lado. Por eso no es extraño que cuando me enteré de que hacía ilustraciones de mujeres científicas me lanzara como una loca a verlas. ¡Y estaba Rosalind Franklin! En postal, en lámina y en libreta. ¡Libreta! Tampoco lo he dicho por aquí nunca, pero soy una obsesa de las libretas. Tengo muchísimas, la mayoría de ellas en blanco, aunque siempre estoy buscando excusas para empezarlas. Por eso no tardé en decidir que quería una y, ya puestos, dos. También había de Hipatia, y una amiga matemática es muy fan, así que me pareció el regalo perfecto para su cumpleaños. Por desgracia, estaban agotadas (normal), así que le escribí a Ana para preguntarle cuándo las repondría. En todo momento fue súper maja, a pesar de que yo fui especialmente insistente. Pero, tal como prometió, en unos meses volvió a ponerlas a la venta y pude hacerme con ellas. El pedido llegó junto a una postal preciosa de Marie Curie, con una dedicatoria, que tengo colgada en mi tablón de corcho con mucho cariño. Pero no solo están Marie, Rosalind e Hipatia. Hay muchas mujeres más, tanto científicas como escritoras. Y originales de señoras con bragafaja. En serio, no sé a qué esperáis para bichear su página web y su cuenta de Twitter.

Calculadoras científicas… de científicas


Antes de verano empecé a ver por ahí algunas fotos de calculadoras Casio con ilustraciones de mujeres científicas famosas, la mayoría matemáticas y físicas.  Estuve indagando sobre ellas y descubrí que era una iniciativa de la marca, para promover las vocaciones STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) entre las niñas, pero que aún no estaban a la venta.
Miré un par de veces más y seguían sin venderse, por lo que por un momento me olvidé. Pero hace unos días recibí una nota de prensa en la que se hablaba del proyecto y se anunciaba que, por fin, podían comprarse.

Se pueden adquirir en Carrefour, Corte Inglés, Alcampo y algunas otras superficies con sección de papelería y hay varios modelos, que no solo difieren en el dibujo de su tapa, sino también en las funciones de la calculadora. No todos los diseños están a la venta, pero en Carrefour pude encontrar varios de ellos. Para mi tristeza, no han sacado ninguna con el dibujo de Rosalind Franklin, que me habría hecho juego con la camiseta de Nabla y la libreta e Viana. Igualmente, había otros muchos muy bonitos. Al no saber muy bien por cuál decidirme, y al no estar el de Cecilia Payne, que me habría encantado, decidí elegir en base al modelo de la calculadora. Al fin y al cabo, aunque para algunos artículos hago cálculos, por lo general no suelen ser muy complicados, así que ya no necesito una calculadora con tantas funciones como habría requerido antes, durante la carrera. Y de las más básicas, la que más me gustaba era la de Marie Curie. Justo antes le había soltado la chapa a un amigo de mi novio sobre la importancia de enseñar a las niñas que Marie Curie no fue la única mujer científica de la historia y que no debería ser necesario ganar dos premios Nobel para que te recuerden. Y a continuación, entre todas las que había, me compré la de Marie Curie. Así soy yo, poco coherente, pero ‘me hago de querer’. Y, qué narices, ¡Marie molaba un montón! Así que nada, a tope con mi calculadora nueva.


Y eso es todo. A lo largo de este año también me he comprado tropecientos mil libros de divulgación científica y me han regalado otros tantos. Pero como de ellos voy haciendo reseñas conforme los voy terminando, no los incluyo en esta lista, que espero seguir engrosando. Porque pocas cosas me gustan más que las frikadas, y si son científicas, mejor que mejor.

10/11/18

Una luz en la oscuridad


Anoche estrenamos nuevo horario en Ciencia en Bares con la charla de David Galadí, que nos habló de divulgación científica, astronomía y contaminación lumínica. Ahí es ná. Justo ayer también supe que podía disponer libremente del un relato-artículo sobre contaminación lumínica que presenté a un concurso, por no haber ganado ninguno de los premios. ¿Sería casualidad que las dos cosas pasaran el mismo día? Pues por supuesto que sí, pero no por eso deja de ser un momento perfecto para publicarlo aquí, para que mi pequeño grupito de seguidores lo lea.

No es la primera vez que escribo sobre el tema en este blog. Es posible que penséis que soy una pesada; pero, en serio, no sé por qué no vamos todos a lo loco mirando farolas por la calle para ver si están bien puestas. Es un tema serio y no le hacemos el caso que merece. Por eso soy tan pesada. De cualquier modo, en este caso no se trata de un artículo típico, pues empieza con un relatito que he escrito sobre un hecho real, aunque aderezado con bastante ficción. Sin más, aquí os lo dejo. Espero que os guste.

Una luz en la oscuridad

Desgraciadamente, no había sido un sueño. Durante veinte largos segundos, un sonido atronador que Lucy jamás podría olvidar había invadido la quietud de la noche dejando paso a un terrible temblor que convirtió su recién estrenado piso en un amasijo de muebles volcados y cristales rotos. Pero entre aquellas cuatro paredes sólo había algo irreparable y, afortunadamente, lloraba llena de vida mientras alzaba las manitas desde su cuna, al otro lado de la habitación. Si Lucy hubiese creído en los milagros, pensaría que se había tratado de uno, pues el dormitorio en el que descansaban ella y la pequeña Eleanor había sido la estancia menos afectada de la casa. Corrió a cogerla y, después de comprobar que no tenía ni un rasguño, salió en busca de un acceso al exterior. Si había una réplica del terremoto, prefería estar fuera de casa.

No había luz en todo el edificio y, de todos modos, no se le habría ocurrido tratar de bajar en ascensor; por lo que, después de embozar a su hija en una manta de lana, corrió a las escaleras. Sólo dos pisos las separaban de la calle, donde decenas de vecinos se reunían comentando el reciente desastre, algunos ilesos y otros esperando la llegada de las ambulancias, cuyas sirenas ya se escuchaban a lo lejos. Afortunadamente, ninguno parecía estar grave. En busca de una cara amiga, se dirigió hacia sus vecinos Jude y Penny, que se encontraban a unos pocos pasos, mirando al cielo con una mezcla de miedo y admiración. Al seguir la mirada del matrimonio, Lucy se encontró con una estampa increíble, diferente a cualquier cosa que hubiese visto jamás: el cielo parecía haberse abierto a través de una enorme franja plateada que brillaba majestuosa sobre sus cabezas.

-Por lo visto ha aparecido después del terremoto- le dijo Jude, al ver que también había atraído su atención-. Aunque también podría ser la culpable del temblor. Julia ha entrado a su casa para llamar a emergencias.

Apenas había terminado de pronunciar la frase cuando Julia, una joven británica que se había mudado al edificio poco después que Lucy, corrió hasta ellos.

-¡No os lo vais a creer!-exclamó sin poder ocultar su sorpresa-. ¡Es la Vía Láctea!

-¿La vía Láctea?-preguntó Lucy dubitativa- ¿Entonces ya estaba antes ahí?

-Eso dicen-contestó Julia-. Al parecer las luces de Los Ángeles la mantenían oculta, pero el apagón ha propiciado que podamos verla.

En ese momento Eleanor rompió a llorar y Lucy tuvo que separarse del grupo para calmarla. Mientras acunaba a la pequeña y la mecía entre sus brazos, volvió a alzar la vista al cielo. Estaba viviendo la noche más horrible de toda su vida, pero también había podido ver con sus propios ojos todo un espectáculo de la naturaleza que quizás no hubiese podido admirar jamás de otra manera. La niña se había vuelto a quedar dormida, pero ahora era ella la que lloraba, no sabía si de miedo o de emoción. Quizás por las dos cosas.

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Aunque la historia de Lucy no es real, el suceso que se describe tuvo lugar la madrugada del 17 de enero de 1994, después de que un terremoto de 6’7 grados en la Escala Richter azotara el área norte del Valle de San Fernando, en la ciudad de los Ángeles. Después del seísmo, varios vecinos llamaron a emergencias, preocupados por la franja plateada que había aparecido en el cielo después del temblor. Como en la historia, no se trataba de ninguna consecuencia del terremoto, sino simplemente de la Vía Láctea, que de repente podía verse gracias al apagón que había dejado a oscuras la ciudad.
Esta es una anécdota que se ha ido exagerando con los años, pero que sirve para describir a la perfección el problema que puede llegar a suponer la contaminación lumínica de las ciudades si no se hace nada por ponerle freno.

Según la página de la Asociación contra la Contaminación Lumínica Cel Fosc, se define como contaminación lumínica la emisión de flujo luminoso de fuentes artificiales nocturnas en intensidades, direcciones, horarios y rangos espectrales innecesarios. Está claro que hoy en día la iluminación artificial es algo indispensable, pero no todo vale. Farolas que apuntan al cielo, monumentos iluminados durante horas en las que nadie los visita, luces con intensidades demasiado elevadas… Todos estos errores de iluminación pueden dar lugar a consecuencias muy graves, tanto para los seres humanos como para el resto de seres vivos que habitan entre nosotros.

Impacto sobre los seres vivos

No hay nada más atractivo que una bombilla para una polilla. Igualmente, otros insectos, como los mosquitos, también se ven atraídos por las fuentes de luz, tanto las artificiales como las naturales. En realidad sus sensores luminosos les indican dónde se encuentran la luz de la Luna y las estrellas, pero no les permiten diferenciar estos astros de una simple farola, por lo que a menudo se pueden ver grandes masas de insectos volando alrededor de ellas. Esto puede ser fatal, pues en el mejor de los casos acaban cayendo al suelo exhaustos y, en el peor, achicharrados por las altas temperaturas de las luminarias. Pero eso no es todo, ya que estas concentraciones inusuales de insectos conllevan que no se encuentren donde deberían estar en condiciones normales, de modo que sus depredadores naturales no pueden tener acceso a ellos.

Las aves también son otras de las grandes afectadas por la contaminación lumínica, ya que las luces artificiales pueden deslumbrarlas cuando migran por la noche, llevándolas a morir por el impacto con edificios o torretas.

Otra de las especies animales más afectadas somos los propios seres humanos, ya que ser los culpables de la instalación de las luces artificiales no nos convierte en inmunes a sus efectos. Y es que nuestro organismo está diseñado para que durmamos en periodos de oscuridad y nos mantengamos despiertos y alerta en presencia de luz. Estas fases se conocen como ritmos circadianos y están reguladas por la secreción de melatonina, una hormona cuyos niveles se mantienen bajos en presencia de luz, pero aumentan notablemente en periodos de oscuridad.

El problema es que no hay una forma de diferenciar la luz artificial de la natural, por lo que la presencia excesiva de iluminación puede generar una disminución de la hormona, alterando el sueño y dando lugar a síntomas como insomnio, cansancio o irritabilidad. Se ha comprobado que estos efectos son todavía más notables a longitudes de onda concretas. De hecho, es la luz más azulada la que inhibe mayormente la secreción de melatonina, por lo que se recomienda utilizarla durante el día, pero evitarla por la noche.

Cuando la luz apaga el cielo
Tras el terremoto de 1994, los vecinos afectados por el terremoto no podían entender de dónde había salido aquella enorme franja plateada.

Hoy sabemos que las luces artificiales ocultan completamente el brillo de los astros más débiles, impidiendo a los astrónomos su observación. El ojo humano está diseñado para detectar contrastes; por lo que, del mismo modo que no podemos ver las estrellas de día, aunque en realidad estén ahí, tampoco se pueden ver en un cielo nocturno excesivamente iluminado. Esto es un gran problema para los astrónomos, cuyo trabajo se basa en observar el cielo, pero también para los propios ciudadanos que, sin darnos cuenta, estamos apagando uno de los tesoros más bonitos de los que disponemos.

Muchos de nuestros momentos más felices han estado coronados por una noche estrellada. Citas románticas, baños nocturnos en la playa, excursiones mágicas bajo la Luna… ¿Acaso querríamos privar a los hijos de nuestros hijos de vivir situaciones como esas? Lucy no lo deseaba para su hija. Y está claro que nosotros tampoco.

30/9/18

Animales contra las superbacterias: una farmacia oculta en la naturaleza



Aunque los seres humanos nos creamos seamos la especie más inteligente que pisa la faz de la Tierra, aún tenemos mucho que aprender de otros animales, incluso de algunas plantas.

Por eso, los científicos a menudo ponen la vista en la naturaleza en busca de ideas aplicables a un gran número de ramas de la ciencia. Buena muestra de ello es el diseño de drones basados en el movimiento de algunos animales voladores. Por ejemplo, en 2016 un equipo de investigadores de la Universidad de Sheffield analizó la forma en que las abejas predicen cuándo se encontrarán con un objeto para poder evitarlo. Casi a la vez, otros científicos, esta vez de la Universidad de Lund, observaron e imitaron la técnica de vuelo del murciélago de orejas largas, con el fin de desarrollar drones más eficientes en el vuelo a baja velocidad.

En ciencia de materiales también es muy habitual utilizar la observación de la naturaleza en busca de nuevos inventos. Por ejemplo, la forma hexagonal, característica de las escamas de los reptiles y los panales de abeja, ha sido imitada frecuentemente para realizar superficies más fuertes y estables.

¿Y qué hay del estudio de especies como la estrella de mar para el desarrollo de nuevas técnicas en medicina regenerativa? Podrían escribirse muchísimos más ejemplos, aunque yo hoy me voy a centrar sólo en los referentes a la creación de nuevos fármacos anti bacterianos basados en sustancias generadas por animales. Para los demás ya habrá otra ocasión.

Según los últimos estudios, si no se encuentra una solución a tiempo para 2050 las superbacterias habrán desplazado al cáncer como principal causa de muerte en los países desarrollados. Entre otras razones, esto es consecuencia del mal uso que hacemos los seres humanos de los antibióticos. Es cierto que estos fármacos son increíblemente buenos para tratar las infecciones bacterianas, pero debemos entender que no se trata de la pastilla milagrosa que todo lo cura. De hecho, tomar antibióticos para tratar un virus ejerce más o menos el mismo efecto que ingerir Lacasitos, aunque los Lacasitos están más buenos y las bacterias no se vuelven resistentes a ellos (que se sepa).

El caso es que la automedicación y el uso indiscriminado de estos fármacos han llevado a que cada vez más bacterias desarrollen la capacidad de sobrevivir a ellos, de modo que en un futuro lo que ahora es una infección muy fácil de tratar se podría convertir en una enfermedad mortal de necesidad. Afortunadamente, algunos animales podrían tener la clave para solucionar este problema en fluidos corporales como su sangre, su saliva o incluso su leche materna. 

El demonio de Tasmania y la medicina oculta en su leche

El demonio de Tasmania no es solo un personaje entrañable de los Looney Tunes. También es un marsupial de gran tamaño, típico de la isla de Tasmania, en Australia.

Su fisiología es toda una joya en el campo de la biomedicina por varias razones. Para empezar, en 2016 se descubrió que algunos de estos animales habían evolucionado con la capacidad de evadir un raro tipo de tumor facial que había afectado a su especie durante veinte años. Esto llamó la atención de los científicos, que pronto descubrirían que esa no era la única enfermedad que estaban dotados para vencer.  Y es que ese mismo año un equipo de investigadores de la Universidad de Sidney descubrió que la leche con la que las hembras amamantan a las crías contiene varios tipos de péptidos con un gran potencial antimicrobiano. Esto les resulta muy útil a la hora de proteger a sus pequeños de posibles infecciones mientras se encuentran en desarrollo en la bolsa.

Lógicamente, ordeñar a una demonia de Tasmania no es fácil ni cómodo, por lo que estos científicos procedieron a reproducir los péptidos artificialmente en el laboratorio, para poder probar su efecto frente a bacterias resistentes a antibióticos. El resultado fue un éxito, pues el tratamiento dio buenos resultados con varios tipos de estos microbios, incluyendo a Staphylococcus aureus multirresistente, la superbacteria por excelencia.

Sangre de dragón de Komodo para vencer a las superbacterias

El dragón de Komodo es una especie de lagarto de 3 metros de longitud y alrededor de 70 kilogramos de masa. Se trata de un reptil bastante peculiar, no solo por sus grandes dimensiones o su apariencia de animal fantástico de novela medieval, sino también por el “ecosistema” que vive en su boca. Se calcula que en su saliva habitan más de 50 tipos de bacterias distintas. Esto conlleva que pueda matar a sus víctimas de una infección. Sin embargo, él vive tranquilamente con ellas, sin sufrir ninguna consecuencia. La causa, según un estudio publicado el año pasado, son una serie de péptidos que, en su caso, se encuentran en la sangre.

Con el fin de comprobar si esto tendría alguna aplicación en medicina, un grupo de científicos de la Universidad George Mason reprodujo artificialmente ocho de estos péptidos y comprobó cómo afectaban a la supervivencia de un cultivo de dos de las superbacterias más peligrosas: Staphylococcus aureus multirresistente y Pseudomonas aeruginosa. De los ochos péptidos, siete consiguieron acabar con ambas y uno solo con P. aeruginosa. No cabe duda de que este curioso dragón posee un arma que vale la pena explorar.

Un superantibiótico en la saliva del oso pardo de Siberia

Hace apenas unos meses un equipo de investigadores rusos publicaba en PNAS un estudio cuyo fin inicial era la búsqueda de sustancias naturales con poder bactericida entre las especies habitantes de la taiga siberiana. Entre los animales que estudiaron se encontraba el oso pardo de Siberia oriental, un animal típico de esa región, con un tamaño algo menor que el de otros osos pardos.

En busca de alguna sustancia que pudiesen aprovechar, tomaron muestras de la saliva de varios ejemplares y procedieron a analizarlas en el laboratorio. Así, descubrieron que en ella proliferaba una bacteria que frecuentemente se encuentra en el suelo. Este microorganismo no genera ninguna infección a los osos, pero la cosa no se queda ahí, ya que también secreta una sustancia con un gran efecto antibiótico: la amicoumacina A. Al analizar sus efectos, comprobaron que, como los péptidos anteriores, este compuesto era muy eficaz frente a superbacterias como S. aureus; aunque, como en el resto de casos, aún debe estudiarse más a fondo.

El curioso superpoder de la leche de ornitorrinco

El ornitorrinco es un bicho raro, lo mires por donde lo mires. Es un mamífero, pero pone huevos. Tiene pico, pero no es un pájaro. Tiene cola de castor, ¡pero patas de nutria! Y vive en Australia y la isla de Tasmania. ¿Bichos raros en Oceanía? ¡Qué va!

Pues bien, el caso es que, por si no fuera ya suficientemente curioso, ahora resulta que su leche contiene sustancias bactericidas que podrían servir para el desarrollo de nuevos antibióticos. La razón de que la leche contenga estas sustancias es otra de las muchas rarezas del animalito, ya que las hembras no tienen pezones, por lo que amamantan a sus crías a través de unos surcos situados encima de su abdomen. En estos agujeritos se forman unas balsas de leche por las que succionan los bebés ornitorrinco. Pero hay un problema, ya que de este modo la leche está muy expuesta al exterior, por lo que podría contaminarse fácilmente. Por eso, contiene una proteína que evita que proliferen bacterias en ella.

Todo esto fue descubierto recientemente por un equipo de científicos del  Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO), cuyos resultados fueron publicados en Structural Biology Communications. En el estudio describen también cómo procedieron a fabricar artificialmente la proteína, con la que consiguieron unos resultados iniciales muy esperanzadores.

Aunque todavía queda mucho que investigar al respecto, parece claro que el mundo está lleno de especies animales que podrían ayudar a salvar la vida de millones de personas en un futuro. Aún pueden quedar muchos más ejemplos como estos ahí fuera, a la espera de ser descubiertos. Pero lo más triste es que puede que muchas ya se hayan extinto, sin que nadie llegue a descubrir las medicinas que ocultaban en su interior. Es algo interesante en lo que meditar.

8/8/18

La aventura de Joseph



-¡Vamos, Joseph, vas a llegar tarde al colegio!
Ante la insistencia de su madre, el niño no tuvo más remedio que obedecer. Hubiese preferido quedarse con su vecino, jugando a ser soldados, pero no quería hacer enfadar a la mujer, así que cogió la mochila y, sin soltar el palo que había estado utilizando como fusil, se puso en marcha hacia la escuela.
Había recorrido tantas veces el corto camino que separaba su casa del colegio que podría hacerlo con los ojos cerrados, por lo que decidió explorar una vereda boscosa alternativa, por la que nunca se había adentrado. Los chicos de su clase solían decir que en ese bosque vivía un hombre que tenía como mascota a un lobo que atacaba a cualquiera que se atreviera a acercarse a sus dominios. Pero Joseph no tenía miedo. ¡Si el lobo se acercaba usaría su fusil de madera y lo haría retroceder con el rabo entre las patas!
Con esa idea en la cabeza, el niño enfiló el sendero, pensando cómo se morirían de envidia sus amigos cuando les contara su aventura.
 Apenas había andado unos metros cuando un ladrido enfurecido rompió el silencio del bosque.
-¡Pero qué exagerados!- gritó Joseph con una sonrisa-¡Si sólo es un perro!
No había terminado de pronunciar la frase cuando el animal apareció entre unos arbustos, mostrándole amenazadoramente los colmillos al pequeño, que no dudó en esgrimir su palo contra él.
Sin embargo, el efecto no fue el que pensaba; ya que el perro, de cuya boca manaban borbotones de espuma, se lanzó hacia él, haciendo caso omiso de su arma de madera. Joseph trató de salir corriendo, pero ya era demasiado tarde, pues el animal había conseguido morderle en la pierna, dejándole una enorme y dolorosa herida.
Se encontraba a medio camino entre su casa y el colegio, pero sabía que su madre le regañaría por haber elegido la ruta más peligrosa; así que, una vez que logró zafarse del perro, decidió correr hacia la escuela. ¡Su maestro sabría qué hacer!
Cuando llegó ya habían empezado las clases, pero ese era el menor de sus problemas. La herida le escocía y aún no había conseguido quitarse el susto del cuerpo.
En el momento que entró al aula, con la pierna sangrando, el maestro se encontraba sentado en su mesa, mientras que su compañero Gerard recitaba dubitativo la tabla del nueve. Sin embargo, al ver a Joseph corrió hacia él, dejando al otro niño con el “nueve por ocho” en el aire.
-¡Joseph!, ¿qué te ha pasado?-le preguntó mientras se sacaba un pañuelo del bolsillo trasero del pantalón y lo colocaba sobre la herida.
-Ha sido en la puerta de la escuela-mintió el niño-. Un perro enorme, que escupía espuma, me ha mordido cuando he pasado junto a él.
Al escuchar su escueta descripción sobre el aspecto del animal, el maestro palideció.
-¿Has dicho espuma?- le preguntó.
El niño no había terminado de asentir cuando el profesor corrió a coger su maletín y su sombrero.
-¡Chicos! Hoy daréis clase con los pequeños, tengo que salir un momento. ¡Vamos, Joseph, tenemos que ir a tu casa!
Por el camino hacia su casa el maestro no dijo ni una palabra, a pesar de las súplicas del niño para que no le dijera a la madre lo que había ocurrido.
Cuando llegaron, la mujer se encontraba barriendo la puerta, pero lanzó la escoba al suelo cuando vio el estado en el que se encontraba su hijo.
-Ha sido un perro rabioso- le dijo el maestro con voz de preocupación.
La mujer rompió a llorar, sin que el niño entendiera nada de lo que estaba pasando.
-¿Y qué voy a hacer ahora?-preguntó entre sollozos.
-Dicen que en París hay un químico que tiene una especie de medicina que evita que aparezca la enfermedad- comentó receloso el profesor-. Al parecer la ha probado con perros y ha funcionado… Pero podría ser peligroso.
-¿Más peligroso que dejar que enferme?-espetó tajante ella.
Pocos días después, Joseph y su madre habían recorrido los 450 kilómetros que separaban su Maisongoutte natal de París, en busca de la ayuda de aquel químico, un tal Louis Pasteur.
Para entonces el niño ya intuía que algo no iba bien y deseaba que ese científico en el que su madre había depositado todas sus esperanzas pudiera curarle.
Se trataba de un hombre mayor, de unos 60 años, con pelo y barba canosos y aspecto serio. Cuando su madre le explicó lo que le ocurría se quedó pensativo un largo rato. Al fin y al cabo, él no era médico y, si bien tenía muchas esperanzas depositadas en sus experimentos, aún no había podido probarlos con humanos.
Sin embargo, el chico estaba condenado igualmente y la desesperación de la madre era tal que decidió consultarlo con dos amigos médicos, que inmediatamente le dieron su apoyo. Diez días de inyecciones después, el pequeño estaba totalmente recuperado del ataque del perro y no mostraba ningún síntoma de enfermedad.


En 1885, Joseph Meister, de nueve años, se convirtió en la primera persona de la historia en ser vacunada frente a la rabia, un virus altamente mortal que hasta entonces mataba a miles de personas en todo el mundo.
Hoy en día tanto esta como otras muchas enfermedades están prácticamente erradicadas en los países desarrollados, gracias a otros científicos que, como Pasteur, dedicaron sus investigaciones a salvar al ser humano de las garras de virus y bacterias.
No todos los héroes llevan capa, algunos llevan bata. Pero lo mejor es que estos tienen el poder de, con un solo pinchacito, convertirnos a nosotros también en súper héroes, con todas las armas para luchar contra las enfermedades. ¡Esa sí que es una verdadera aventura!

18/7/18

Curiosidades y consejos para disfrutar de la playa sin quemarnos en el intento


¿Qué sería del verano sin la playa? Pues posiblemente una época sin medusas, quemaduras solares ni arena en los ojos. Pero, ojo, que a mí la playa me gusta.
Aun así, sí que es cierto que todos esos detalles me exasperan bastante, especialmente el segundo, que me tiene ahora mismo tratando de no apoyarme con demasiada intensidad en el respaldo de la silla, por miedo a ver las estrellas.
El problema es que yo, que sé lo propensa que soy a quemarme, me pasé las horas que estuve en la playa esparciéndome crema por todo el cuerpo una y otra vez, por lo que el cabreo al llegar a casa y ver el resultado fue máximo. Por eso, he decidido informarme sobre las quemaduras solares y todo lo que tiene que ver con ellas. Ya escribí sobre el tema cuando trabajaba en Omicrono, pero no está de más actualizarse un poco, especialmente cuando tu salud está en juego. Y como no hay nada más bonito que compartir los conocimientos adquiridos, he decidido escribir este artículo, para que todo el que quiera leerme aprenda lo mismo que  yo o, si sabe más cosas, me las comente.

¿Por qué nos quemamos?
He ahí la pregunta del millón. La respuesta parece lógica: el Sol está caliente y las cosas calientes queman. Sin embargo, la verdadera razón es un poco más compleja.
La culpa no la tiene la temperatura como tal, sino más bien las radiaciones ultravioletas emitidas por el Sol, ya que su gran energía las hace capaces de destruir el ADN. Además, según un estudio publicado en NatureMedicine en 2012, al incidir sobre la piel las radiaciones ultravioleta de tipo B (UVB) pueden degradar el micro ARN presente en las células, que tenderán a liberar el ARN dañado. En este punto, las células vecinas que aún se encuentran sanas generan una respuesta inflamatoria, con el fin de eliminar a las que están dañadas, antes de que se transformen en cancerosas.
Esta respuesta inflamatoria, mediada por el sistema inmunológico, está acompañada por síntomas como hinchazón, enrojecimiento o dolor, todos ellos típicos después de sufrir quemaduras solares.

¿Por qué nos ponemos morenos?
Sin duda esta es la cara más aceptada-e incluso deseada- de la exposición de la piel al Sol. De hecho, aunque hoy en día se conoce más que de sobra cómo de peligrosas pueden ser las quemaduras solares a largo plazo, sigue siendo típico ver a algunos inconscientes tirados bajo el Sol sin ningún tipo de protección, en busca del bronceado perfecto.
Dejando a un lado la inconsciencia de estas personas, cabe preguntarse por qué nuestra piel se oscurece bajo los efectos de estas radiaciones tan perjudiciales.
La razón es un desesperado intento de nuestras células por mantenerse a salvo de ellas. De ello se encarga la melanina, un pigmento cuya función es absorber las radiaciones ultravioleta, transformando su energía en calor y evitando así que puedan dañar el material genético. Este pigmento se encuentra en las células de la piel, pero también en otras partes del cuerpo, como el pelo o el epitelio pigmentado que rodea la retina.
Cada individuo contiene en sus células cantidades muy diferentes de melanina, de ahí que no todos tengamos el mismo color de piel ni nos quememos con la misma facilidad.
De cualquier modo, por muy bien dotadas que estén las células para luchar contra la radiación, siempre necesitarán una ayudita, por lo que ni siquiera las personas más morenas deben olvidarse de la protección solar.

¿Qué factor de protección debo usar?
Aquí empieza la miga del asunto. ¿Debemos embadurnarnos todos con crema del 50 para curarnos en salud o no siempre es necesario un factor de protección tan alto? Y ya que estamos, ¿qué demonios es eso del factor de protección solar?
El factor de protección solar (FPS) es un número que nos indica por cuánto se multiplicaría el tiempo que una persona puede aguantar sin quemarse después de utilizar la crema.
Por ejemplo, una persona que normalmente tardaría 10 minutos en quemarse, tardará cinco horas (300 minutos) si utiliza un factor de protección 30.
Esta escala de protección oscila entre el 2 y el 50+, utilizado por las personas con más tendencia a quemarse.
Aunque, lógicamente, este último nos permitirá estar más tiempo sin quemarnos, no siempre es necesario recurrir a él, pues sólo los fototipos más claros tendrían que recurrir a este nivel máximo de protección.
Estos fototipos están recogidos en la escala Fitzpatrick, que cuenta con seis niveles diferentes. El fototipo I es el de las personas que se queman con muchísima facilidad, debido a que su piel y sus ojos son muy claros y su pelo normalmente pelirrojo. Lógicamente, estas personas tendrán que recurrir a un factor de protección muy alto, del 50 o el 50+.
El fototipo II lo tienen las personas de ojos, piel y pelo claros, pero algo de tendencia a broncearse. En este caso, también se queman con facilidad, por lo que igualmente deberían usar 50 o 50+.
La cosa cambia para las personas de pelo y ojos castaños, piel morena en invierno y muy poca tendencia a quemarse. Estos individuos tienen un fototipo III y podrán usar factores de protección entre el 15 y el 25, salvo que el índice ultravioleta (UVI) sea muy elevado.
A continuación, las personas que nunca se queman y tienen una piel muy muy oscura se consideran de fototipo IV y no tienen por qué usar un factor de protección por encima del 20. A continuación se encontrarían los fototipos V y VI, perteneciente ya a las personas de piel negra. En estos casos, basta con factores de protección bajos, pero nunca se deben dejar de usar; ya que, si bien las posibilidades son más bajas, estas personas también pueden terminar contrayendo cáncer de piel.
Una vez que tengamos claro cuál es nuestro fototipo podremos elegir qué factor de protección debemos usar y, ante la duda, recurrir siempre al más alto de los planteados.

Consejos a la hora de usar la protección
Vale. Ya sabemos por qué nos quemamos, por qué nos ponemos morenos y qué tipo de protección debemos usar. Todo eso está bien, ¿pero por qué nos quemamos si usamos un factor de protección adecuado? Pues, posiblemente, porque no lo estemos haciendo de la forma correcta. He aquí algunos consejos para evitar quemaduras.
  1. Elige el producto adecuado: El factor de protección solar no es el único dato que debemos comprobar a la hora de comprar una crema. También es muy importante comprobar que protege, como mínimo, de los rayos UVA y UVB. Otro dato esencial es que sea resistente al agua y el sudor, ya que en caso contrario podría eliminarse de la piel antes de tiempo, inhibiendo su efecto protector.
  2. Reaplica la crema cada pocas horas. Aunque el factor de protección solar multiplica el tiempo que podemos estar sin quemarnos, no se debe apurar. Por eso, se recomienda volver a aplicar el producto cada dos o tres horas, sin dejar ninguna zona de la piel libre. Es típico olvidar áreas como las orejas o los pies; que, aun siendo pequeñas, se pueden quemar con facilidad. En cuanto al momento en que se debe hacer la primera aplicación, siempre se ha recomendado hacerlo al menos media hora antes. Sin embargo, un estudio publicado recientemente por investigadores de la Universidad de Málaga establece que basta con cinco minutos para que la fórmula comience a funcionar.
  3. Aplica una cantidad adecuada de crema: La crema solar actúa como barrera protectora, por lo que debemos aplicar una capa suficientemente espesa para que cumpla su función correctamente. La cantidad recomendada por los especialistas es de 2 mg por centímetro cuadrado de piel, una cifra mucho más alta que la utilizada por la inmensa mayoría de la población. Esta es una de las causas por las que pueden aparecer quemaduras incluso aplicando la crema, ya que si la barrera no es suficientemente espesa sólo se retendrían un 20% de las radiaciones que llegaran hasta la piel.
  4. No te fíes de las nubes: A pocas personas les gusta ir a la playa en un día nublado. Sin embargo, a veces las nubes nos sorprenden en mitad de la que parecía que sería una jornada perfecta. En ese caso no debemos dejar de utilizar la protección; porque, aunque no veamos el sol, sus radiaciones siguen llegando hasta nosotros. Además, estas radiaciones pueden reflejarse en la arena y el agua, llegando hasta nosotros con más intensidad.
  5. Protege todo el cuerpo: solo las personas calvas pueden aplicarse crema sobre su cuero cabelludo. El resto deben recurrir a sombreros o gorras para evitar que el sol afecte también a esta olvidada zona de la piel. Por otro lado, también es aconsejable usar gafas de Sol para proteger los ojos y bálsamos labiales FPS para evitar que se dañen las células cutáneas de los labios.
  6. Evita las horas del mediodía: Se debe evitar la exposición al sol desde las 12 del mediodía hasta las cuatro de la tarde, ya que a estas horas los rayos del Sol llegan hasta nosotros con más intensidad.  Por otro lado, usar sombrilla no siempre es una opción, ya que las radiaciones solares pueden reflejarse en superficies como la arena o el agua del mar, haciendo inútil la pantalla ofrecida por la sombrilla.
Dicho todo esto, sólo queda disfrutar de la playa. En España tenemos grandes tesoros de la naturaleza en los que podemos gozar de actividades como la natación, la fotografía, el senderismo, el buceo, los paseos en barco o, simplemente, tomar el Sol. Pero siempre con cabeza, para que luego podamos apoyarnos bien en la silla y, sobre todo, protegernos frente al cáncer de piel.